La lectura del artículo del maestro Esteve me pareció sumamente interesante y con mucho apego a la realidad de mis inicios en la docencia. Al confrontar las ideas de este gran educador con mi propia percepción como docente, me doy cuenta de que no obstante que, como bien lo señala, “se aprende a ser profesor por ensayo y por error”, he superado muchas dificultades, pero siento que debo variar más mis técnicas de enseñanza y de aprendizaje, creo que los resultados serían mejores y mi sensación de ser útil a los demás sería mayor.
He opinado que en las tareas de enseñanza adquirimos conocimientos nuevos todos los días, aprendemos de nuestros alumnos, de nuestros compañeros de nuestro entorno. Relacionado con mi modesta aportación, el profesor Esteve describe la magistral idea de Mª Carmen Díez, quien define a la escuela como “…un sitio donde vamos a aprender…”, y las no menos relevantes definiciones de Fernando Corbalán cuando señala que “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias…”. Considero que estos extraordinarios conceptos hacen de la profesión docente algo mágico y apasionante.
La lectura me hizo reflexionar también sobre otras cosas. Y es que en el diario quehacer docente frecuentemente pierdo de vista el lado humano del conocimiento. Creo que nunca es tarde para retomar el rumbo y que es hora de considerar el maravilloso descubrimiento del profesor Esteve: “que el objetivo es ser maestro de humanidad”.
Mi identidad como profesor no ha estado exenta de situaciones complejas. Originalmente no elegí esa profesión. Habiendo estudiado otra carrera me sentí atraído por la docencia y decidí incursionar en ella, pero inicié con una percepción errónea de su verdadera esencia. Yo quería aplicar los estilos de mis maestros de la escuela superior, creía que el rigor académico y la calidad consistían en mantener un nivel “elevado” en la exposición de contenidos, práctica que no resultaba adecuada para todos los alumnos. Hace ya un buen tiempo que me percaté del error y he tratado de tomar el camino correcto.
Mi percepción acerca de la poca valoración que algún sector de la sociedad le otorga a la profesión docente era algo que en mis inicios en la docencia me causaba cierto grado de insatisfacción. Hoy estoy plenamente convencido de que ser y sentirse útil, a través de la noble y maravillosa profesión docente, es un orgullo y una de las cosas más satisfactorias.
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